lunes, 1 de enero de 2024

 Recuerdos de la señora Rosita

Comenzaba a amanecer en el Barrio El Triunfo, todavía las montañas estaban algunos días cubiertas de niebla, otros días llovía a cantaros, o cubría toda la superficie esa llovizna fina que calaba hasta los huesos…invariablemente hacia un frio que entumecía hasta el alma, doña Rosita era precavida y se ponía varias capas de ropa para estar calientica y sobre todo para no enfermarse, un lujo que no podía permitirse porque entonces quien haría la comida, lavaba la topa y atendía a sus muchachos…afanosamente abría las puertas de la tienda, barría la acera y el interior del local, ponía una gran olleta con un buen trozo de panela y cuando soltaba el hervor agregaba cuatro o cinco cucharadas grandes de café, enseguida con una cuchara grande de madera mezclaba bien y agregaba medio vaso de agua fría para que asentaran los pozos del café, terminado este ritual, mientras llegaban los primeros clientes lavaba la loza de la cena de la coche anterior y que ella había dejado en un balde con agua para ablandar la comida pegada los platos y así ahorrar tiempo y esfuerzo al juagarla y ponerla en el platero a secar. 

Con el oído atento escuchaba los pasos y luego las voces de los hombres que subían la cuesta y al entrar en la tienda saludaban: buenos días señora Rosita, ella respondía con una sonrisa, bajaba la olleta del fuego lento donde estaba para que el tinto estuviera bien caliente, e iba sirviendo los tintos en los pocillos que previamente tenia ordenados en una bandeja, esta era la primera bebida que tomaban los trabajadores de los chircales   que más arriba existían desde mucho tiempo antes de que ella comenzara a vivir en esta zona del sur oriente de Bogotá…allí   amasaban el barro con agua y tierra para luego colocar esa masa en los moldes de madera, ponerlos a secar para a continuación meterlos en los hornos de dónde salían ya convertidos en ladrillos. Era un trabajo arduo y la jornada de estos hombres pasaba invariablemente por tomarse el tintico caliente y cargado que preparaba doña Rosita, algunos días algunos pedían añadir a la taza de café un aguardiente, y también pan, un mojicón, un colorado, una mogolla chicharrona y entre risas y bromas pagar o pedir fiado,, para salir de la tienda caminar calle arriba hasta llegar a cada uno de los chircales dónde se afanarían en su tarea. Las quincenas y finales de mes al anochecer se arremolinaban en la tienda para tomarse una cerveza o varias y regresar a sus hogares con sus esposas e hijos. Doña Rosita lo sabía y tenía el zaguán de la casa casi hasta el techo lleno de cajas de cerveza, era previsora y hacia el pedido a Bavaria con tiempo suficiente para abastecerse y no perder ventas. Sabía que a sus clientes les gustaban las rancheras, canciones de despecho, o música carrilera y ponía las emisoras donde estas canciones sonaban. El ambiente se caldeaba y deme usted otra cervecita, que ella diligentemente servía, cuando eran las once de la noche avisaba que en media hora cerraba la tienda. Algunas veces los hijos de la señora Rosita le ayudaban a atender pero ella estaba atenta y llevaba mentalmente la cuenta de las consumiciones de cada uno de sus cliente; a los que llamaba por sus nombres…don Juan, don Arturo, Don Cristóbal, y una larga lista nombraba con naturalidad y con la confianza de que cada uno de ellos se sentía reconocido y apreciado.

Algunas mañanas a las 4 y media llamaba: Carlos (hijo menor y que ya a sus siete u ocho años había hecho una obra de ingeniería con una tabla ancha, dos listones gruesos laterales con dos orificios en cada uno por donde pasaban los dos tubos solidos donde iban las cuatro ruedas de la zorra y con una cuerda en el eje delantero a cada lado serbia para ir dándole dirección al vehículo  con las manos firmen y atento a la calzada por donde circulaba)   la señora Rosita volvía a llamar… Aliste la zorra que hoy es jueves y hay mercado, vamos a llegar tarde y hoy hay buenas ofertas en el precio de las frutas que traen de Cora bastos, además la panela y el café ya se están acabando… el niño bajaba con sus pelos parados y refregándose la cara recién bañada, cogía los plásticos de siempre  para una ves comprados los víveres taparlos e impedir que la fruta se mojara y los demás artículos se humedecieran. Con todo a punto bajaban corriendo por la carrera tercera, esquivando los autobuses que subían con maestría y la señora Rosita atrás atenta, esta era una rutina que se repetía tres veces por semana para tener lo necesario para las comidas y para surtir los productos que ella vendía en la tienda.

Le gustaba comprar mangos pequeños, plátanos naranjas y mandarinas sabía que las niñas y niños cuando iban o venían de la escuela comprarían su mecato y mejor pequeños porque así cobraría poco dinero por la fruta elegida. Los platanitos cuando estaban maduros pecosos los pelaba introducía un palo y metía  en el congelador…al medio día al salir de la escuela los chiquillos venían en grupos a comprar sus platanitos helados y ella con ojo atento descubría que niña o niño se quedaba detrás del grupo sin pedir nada…ella sabía que no tenían dinero y los llamaba “haber mijita coja usted también su platanito, esperaba en silencio que él o la aludida alargara su mano y recibiera la fruta, lo hacía con tanta sencillez y naturalidad, que nadie reparaba en la acción, cada uno estaba ocupado chupando con deleite su helado.

La señora Rosita era asombrosa, ella que apenas sabía leer o escribir era consultada por sus vecinas sobre que remedios darles a sus hijos con fiebre: “Dele un dolex cada seis horas, y póngale paños de tela mojadas en agua fría en las axilas y en la frente, no con alcohol que es tóxico, para los dolores de barriga agüita de yerbabuena y manzanilla y si siguen malitos llévelos al hospital a ver si tienen suerte y los atienden”.

Yo hoy recuerdo con asombro como un cuerpo pequeño podía tener tanta fuerza, energía y bondad. Tenía su mal genio y era exigente con sus hijos y allegados, no daba abrazos, ni acariciaba, pero en sus ojos bailaba la ternura y el amor por sus hijos/hija y nietas nietos.

Tenía sus amigas como  un par de hermanas a quienes pregunte la edad…me contestaron “yo sólo tengo 82 años, pero aquí mi hermana va a cumplir los 86” venían desde el barrio de al frente, bajaban la montaña y subían la otra para llegar a la tienda de doña Rosita e invitar a un aguardiente, les pedí permiso para hacerles una foto e inmediatamente se arreglaron el pelo, enderezaron la ruana, pusieron su preciosa sonrisa dentro de una boca a la que le faltaban varios dientes, pero ni ese  mínimo detalle  le robó belleza a esa imagen, luego su historia de vida me dejó maravillada.

Aun siento una infinita ternura y me siento afortunada de conocer a mujeres heroicas, trabajadoras, dueñas de sus cuerpos y sus vidas, con historias que no hay libro que las recoja porque cada una necesitaría una mirada de respeto y reconocimiento a su experiencia y a su aporte en educar y transformar la sociedad, dónde la educación y el cuidado sean el centro de la vida.

Luzmar


 Comparto recuerdos de la señora Rosita

Comenzaba a amanecer en el Barrio El Triunfo, todavía las montañas estaban algunos días cubiertas de niebla, otros días llovía a cantaros, o cubría toda la superficie esa llovizna fina que calaba hasta los huesos…invariablemente hacia un frio que entumecía hasta el alma, doña Rosita era precavida y se ponía varias capas de ropa para estar calientica y sobre todo para no enfermarse, un lujo que no podía permitirse porque entonces quien haría la comida, lavaba la topa y atendía a sus muchachos…afanosamente abría las puertas de la tienda, barría la acera y el interior del local, ponía una gran olleta con un buen trozo de panela y cuando soltaba el hervor agregaba cuatro o cinco cucharadas grandes de café, enseguida con una cuchara grande de madera mezclaba bien y agregaba medio vaso de agua fría para que asentaran los pozos del café, terminado este ritual, mientras llegaban los primeros clientes lavaba la loza de la cena de la coche anterior y que ella había dejado en un balde con agua para ablandar la comida pegada los platos y así ahorrar tiempo y esfuerzo al juagarla y ponerla en el platero a secar. 

Con el oído atento escuchaba los pasos y luego las voces de los hombres que subían la cuesta y al entrar en la tienda saludaban: buenos días señora Rosita, ella respondía con una sonrisa, bajaba la olleta del fuego lento donde estaba para que el tinto estuviera bien caliente, e iba sirviendo los tintos en los pocillos que previamente tenia ordenados en una bandeja, esta era la primera bebida que tomaban los trabajadores de los chircales   que más arriba existían desde mucho tiempo antes de que ella comenzara a vivir en esta zona del sur oriente de Bogotá…allí   amasaban el barro con agua y tierra para luego colocar esa masa en los moldes de madera, ponerlos a secar para a continuación meterlos en los hornos de dónde salían ya convertidos en ladrillos. Era un trabajo arduo y la jornada de estos hombres pasaba invariablemente por tomarse el tintico caliente y cargado que preparaba doña Rosita, algunos días algunos pedían añadir a la taza de café un aguardiente, y también pan, un mojicón, un colorado, una mogolla chicharrona y entre risas y bromas pagar o pedir fiado,, para salir de la tienda caminar calle arriba hasta llegar a cada uno de los chircales dónde se afanarían en su tarea. Las quincenas y finales de mes al anochecer se arremolinaban en la tienda para tomarse una cerveza o varias y regresar a sus hogares con sus esposas e hijos. Doña Rosita lo sabía y tenía el zaguán de la casa casi hasta el techo lleno de cajas de cerveza, era previsora y hacia el pedido a Bavaria con tiempo suficiente para abastecerse y no perder ventas. Sabía que a sus clientes les gustaban las rancheras, canciones de despecho, o música carrilera y ponía las emisoras donde estas canciones sonaban. El ambiente se caldeaba y deme usted otra cervecita, que ella diligentemente servía, cuando eran las once de la noche avisaba que en media hora cerraba la tienda. Algunas veces los hijos de la señora Rosita le ayudaban a atender pero ella estaba atenta y llevaba mentalmente la cuenta de las consumiciones de cada uno de sus cliente; a los que llamaba por sus nombres…don Juan, don Arturo, Don Cristóbal, y una larga lista nombraba con naturalidad y con la confianza de que cada uno de ellos se sentía reconocido y apreciado.

Algunas mañanas a las 4 y media llamaba: Carlos (hijo menor y que ya a sus siete u ocho años había hecho una obra de ingeniería con una tabla ancha, dos listones gruesos laterales con dos orificios en cada uno por donde pasaban los dos tubos solidos donde iban las cuatro ruedas de la zorra y con una cuerda en el eje delantero a cada lado serbia para ir dándole dirección al vehículo  con las manos firmen y atento a la calzada por donde circulaba)   la señora Rosita volvía a llamar… Aliste la zorra que hoy es jueves y hay mercado, vamos a llegar tarde y hoy hay buenas ofertas en el precio de las frutas que traen de Cora bastos, además la panela y el café ya se están acabando… el niño bajaba con sus pelos parados y refregándose la cara recién bañada, cogía los plásticos de siempre  para una ves comprados los víveres taparlos e impedir que la fruta se mojara y los demás artículos se humedecieran. Con todo a punto bajaban corriendo por la carrera tercera, esquivando los autobuses que subían con maestría y la señora Rosita atrás atenta, esta era una rutina que se repetía tres veces por semana para tener lo necesario para las comidas y para surtir los productos que ella vendía en la tienda.

Le gustaba comprar mangos pequeños, plátanos naranjas y mandarinas sabía que las niñas y niños cuando iban o venían de la escuela comprarían su mecato y mejor pequeños porque así cobraría poco dinero por la fruta elegida. Los platanitos cuando estaban maduros pecosos los pelaba introducía un palo y metía  en el congelador…al medio día al salir de la escuela los chiquillos venían en grupos a comprar sus platanitos helados y ella con ojo atento descubría que niña o niño se quedaba detrás del grupo sin pedir nada…ella sabía que no tenían dinero y los llamaba “haber mijita coja usted también su platanito, esperaba en silencio que él o la aludida alargara su mano y recibiera la fruta, lo hacía con tanta sencillez y naturalidad, que nadie reparaba en la acción, cada uno estaba ocupado chupando con deleite su helado.

La señora Rosita era asombrosa, ella que apenas sabía leer o escribir era consultada por sus vecinas sobre que remedios darles a sus hijos con fiebre: “Dele un dolex cada seis horas, y póngale paños de tela mojadas en agua fría en las axilas y en la frente, no con alcohol que es tóxico, para los dolores de barriga agüita de yerbabuena y manzanilla y si siguen malitos llévelos al hospital a ver si tienen suerte y los atienden”.

Yo hoy recuerdo con asombro como un cuerpo pequeño podía tener tanta fuerza, energía y bondad. Tenía su mal genio y era exigente con sus hijos y allegados, no daba abrazos, ni acariciaba, pero en sus ojos bailaba la ternura y el amor por sus hijos/hija y nietas nietos.

Tenía sus amigas como  un par de hermanas a quienes pregunte la edad…me contestaron “yo sólo tengo 82 años, pero aquí mi hermana va a cumplir los 86” venían desde el barrio de al frente, bajaban la montaña y subían la otra para llegar a la tienda de doña Rosita e invitar a un aguardiente, les pedí permiso para hacerles una foto e inmediatamente se arreglaron el pelo, enderezaron la ruana, pusieron su preciosa sonrisa dentro de una boca a la que le faltaban varios dientes, pero ni ese  mínimo detalle  le robó belleza a esa imagen, luego su historia de vida me dejó maravillada.

Aun siento una infinita ternura y me siento afortunada de conocer a mujeres heroicas, trabajadoras, dueñas de sus cuerpos y sus vidas, con historias que no hay libro que las recoja porque cada una necesitaría una mirada de respeto y reconocimiento a su experiencia y a su aporte en educar y transformar la sociedad, dónde la educación y el cuidado sean el centro de la vida.

Luzmar




 Felicidades y prospero año nuevo 

martes, 5 de septiembre de 2017

ÓSCAR HERNANDEZ

Archivo “Boletín de Otraparte

Boletín n.º 147
Septiembre 5 de 2017

Óscar Hernández

(1925 - 2017)

Óscar Hernández Monsalve (1925 - 2017) / Casa Museo Otraparte / Junio 2 de 2016
Óscar Hernández Monsalve
Otraparte, 2 de junio de 2016
La Corporación Otraparte lamenta profundamente la muerte de Óscar Hernández Monsalve (Medellín, 1925-2017), poeta, narrador y periodista. Estudió en las Universidades de Antioquia y Pontificia Bolivariana. Durante su vida desempeñó numerosos oficios: autor de libretos para radio y de canciones populares, actor de cine (“Rodrigo D. - No futuro”), boxeador y futbolista en su juventud. Fue cofundador del diario El Sol, donde escribían Manuel Mejía Vallejo, Fernando González y otros escritores de la época. Durante más de 50 años llegó a los lectores de El Colombiano con su columna “Papel sobrante”. Algunos de sus libros son “Poemas del hombre” (1950), “El día domingo” (1962), “Al final de la calle” (segundo lugar Premio Esso 1965; 1966, 1975), “Las contadas palabras” (1958, 1986, 2007, 2010), “Poemas de la casa” (1966), “Cristina se baja del columpio” (2009), “Dos poetas colombianos” (en compañía de Luis Arturo Restrepo, Sílaba, 2010), “Casa sin puertas” (2016) y “Papel sobrante y poemas del siglo XXI”. Sílaba Editores incluyó en 2011 en la colección “Letras Vivas de Medellín” la obra “Óscar Hernández M. - Un hombre entre dos siglos”; y en noviembre de 2015 entregó el libro “De vida, ángeles y ozono”, que contiene 89 poemas bajo el apartado “El otro paraíso”, además de la novela “Fondo de hormigas”, varios cuentos y un puñado de crónicas publicadas entre 1959 y 1962 en el diario El Correo de Medellín.
* * *

El día domingo
(1962)

Libro de originalidad absoluta: son vivencias. Hombre inteligente que describe sencilla, verídica y responsablemente su continuo sucediéndose en la vida. —No fue manoseado por pensamientos ni por sabios en su niñez y primera juventud—. El pensamiento, el pensar llaman a esa paja con que se tapa la Inteligencia y nos convierten en eruditos o embrutecidos.
Óscar Hernández Monsalve es el escritor colombiano de quien debemos jactarnos; entre los demás de antes y de ahora los hay distinguidos pero todos son pintarrajeados de “otros”, pretenden ser “otros”; escriben como “otros”.
“Napoleón y los totes” son dos páginas que sólo puede escribir el que haya vuelto al Paraíso, es decir, el que no esté manchado por envidias, por ambiciones de ser “otro”; por el orgullo satánico de eso que llaman “pensamiento” y “pensar”.
Mejores que esas dos páginas, más realidad que esas dos páginas no hay en la literatura americana.
Y por ese estilo son todas las vivencias, las realidades de que se compone este librito inmortal.
¿Por qué no ha sido muy alabado? Porque no aprecian sino a las rameras pintarrajeadas, a los estafadores.
Salones de bonitura son las escuelas y los libros de arte de esta vida de los animales vestidos. Animal vestido; animal avergonzadoanimal que se esconde: ésa es la verdadera definición de los literatos y pensadores.
Óscar Hernández es como casa sin puertas y por eso vive o está en él La Realidad, La Vida. Óscar Hernández es uno de aquellos de quienes se dijo: Bienaventurados los limpios de corazón porque ven a Dios.
El libro más limpio, más vida, más estrella en el cielo que se haya escrito en América es este de Óscar Hernández.
Fernando González
(Fragmento de una libreta inédita,
domingo 30 de junio de 1963).

miércoles, 14 de junio de 2017

William Ospina

·                                            Resultado de imagen de william ospina imagenes

Nueve de abril de 1948

Poema
Para entender el gesto de su brazo 
debes haber mirado cómo el niño amazónico
 
calcula el sitio por el canto
 
y dirige hacia el cielo de las hojas la cerbatana mágica.
 

Para entender el modo como decía "patria"
 
debes haber oído al viejo U´wa
 
narrando el vuelo de las tijeretas,
 
sentir un soplo de águilas arcaicas
 
sobrevolando un territorio eterno,
 
y saber, como saben el kogi y el sikwani,
 
que somos estos mares, estas selvas,
 
que las gentes del agua no son viajeros codiciosos
 
sino el oro viviente de regiones muy hondas.
 

Para entender su mente
 
debes haber oído cómo bajan los ríos,
 
cómo confunden en la noche sus oscuras riquezas,
 
y en el amanecer cantan cosas proféticas
 
que le parecen fábulas al dueño de la orilla.
 
Para entender esa pasión inmensa 
que iba de pecho en pecho, de grito en grito, 
debes saber de siglos de vergüenza, 
de indios educados por los blancos, 
de llagado s esclavos que vivieron a solas 
sus meses de agonía, 
debes saber de dioses vivos que caían, 
de dioses muertos que triunfaban, 
del cansancio infinito de vivir en el mundo 
sin amor por el mundo, 
de la torpeza de unas castas tristes 
que intrigan, hieren y ebriamente humillan 
mas no saben ser dignas de su suelo y su cielo. 

Para entender quién era 
di quién eres tú mismo, 
por qué estrella del cielo de tus noches 
darías la vida entera, 
por qué trozo del barro en que brotaste 
darías la silenciosa gratitud de tus lágrimas. 
¿Qué es el amor sino el recuerdo oscuro 
de ser parte de un todo? 
¿Qué es la fe sino el ansia 
de que un sueño divino se confirme? 

Para entender su grito debes tener entrañas, 
debes sentir en ellas que no hay vileza eterna. 

Antes el día era uno, 
turbulento, infinito; 
después los días se suceden, negándose, 
pesa el futuro sobre cada instante 
y la vasta amenaza de un fin se llama Historia. 

Para entender su causa 
debes haber oído las flautas en la niebla, 
coros de ancianas negras sobre los litorales, 
y gaitas solitarias y la melancolía 
que ganó en manos indias la guitarra española.
Por sabanas de Córdoba, por landas de Nariño, 
rumbo al Chocó, cruzando el Cauca ardiente, 
por bosques de palmeras del Sumapaz, o arriba, ; 
donde buscan el cielo que se esfuma las rectas palmas, 
o en la pradera hondísima 
donde todo se llama lejanías y pájaros, 
una esperanza dura como un grito en la noche. 

Indios, negros, mestizos, dorados, blancos rostros, 
el país más diverso se ha cansado de odiarse, 
pero ¿cómo lograr que el azul ame al rojo, 
que el verde ame al violeta? 

Para entender su sueño 
debes pensar en besos en los puertos, 
barcas ansiosas por los litorales, 
yarumos plateando los generosos pueblos, 
tierno rumor de cuerdas en la noche, 
encuentros jubilosos de extraños en los montes, 
árboles respetados como ancianos, 
cantos en lenguas indias por las largas sabanas, 
ráfagas de aventura, rojas danzas frenéticas 
y unas mestizas frentes altivas como palmas. 
Pero alguien piensa ahogar sangre tantos sueños. 
Alguien conspira nuevas centurias de mazmorras. 

Vientos de Montería, plata gris de las ciénagas, 
roja anaconda de agua que separas las selvas, 
luna por los cañones de Tolima, 
algo se gesta contra nuestro sueño. 
Por calles populosas hay un hombre que avanza con un arma. 

Gaitán mira el reloj de San Francisco. 

Una paloma asciende a la cornisa. 

Ay, Casanare. Ay, Macarena. Ay, Guajira. 
No es un balazo, es un soplo de incendios. 
Un coro de degüellos, ráfagas rencorosas, 
la hora atroz de las decapitaciones, 
los dragones concéntrico s del odio y de la injuria, 
la multiplicación de los suburbios. 

Pájaros sepultados en las rotas guitarras


Donde un pueblo soñó por fin su orgullo 
baja un río de sangre con cadáveres.

sábado, 4 de marzo de 2017

Gabo, la magia de lo real"


Gabo, la magia de lo real"


El Instituto Caro y Cuervo, la Embajada de Colombia en España y el Instituto Cervantes presentaran  la proyección del documental "Gabo, la magia de lo real" con motivo de la celebración de los noventa años del nacimiento de Gabriel García Márquez.

La proyección se realizará el lunes 6 de marzo de 2017, a las 19.00 h, en la sede del Instituto Cervantes.

El acto contará con la participación de Humberto de la Calle Lombana, Jefe de la Delegación del Gobierno Nacional en la Mesa de Conversaciones en La Habana.

Acceso libre hasta completar aforo.

C/ Alcalá, 49. Madrid. Entrada por c/ Barquillo, 4. 

S.R.C. antes del 3 de marzo en eventos.caroycuervo@gmail.com

Toda la información sobre el documental puede consultarse en su sitio Web oficial:


En el siguiente enlace puede verse el tráiler del documental:

lunes, 6 de febrero de 2017

Nadaísmo


El nadaísmo como corriente vanguardista es una interpretación de la existencia humana. Hay quienes ven en el nadaísmo la versión latina del existencialismo, movimiento filosófico que trata de fundar el conocimiento de toda realidad sobre la experiencia inmediata de la existencia propia.
El nadaísmo se constituyó en los años 1960 como oposición literaria y filosófica al ambiente cultural establecido por la academia, la iglesia y la tradición colombiana, emparentado con varios movimientos vanguardistas que se gestaban de forma paralela en América latina y el mundo. Liderado por Gonzalo Arango, el nadaísmo reclutó a varios jóvenes de distintas regiones del país, quienes redactaron varios Manifiestos con sus propuestas y apreciaciones del entorno.
La muerte trágica de su fundador, Gonzalo Arango, así como de varios de sus integrantes, hizo que el movimiento nadaísta llegara a su anquilosamiento de manera prematura, dejando su legado a la historia de la literatura colombiana. Hoy, existen varios grupos de jóvenes recuperando de manera constante el ideal y pragmatismo nadaísta en muchas partes del país teniendo como sedes principales a Medellín -ciudad natal de Gonzalo Arango- y Pereira.
Nadaísmo, movimiento literario colombiano de gran contenido de protesta social, que surgió en la segunda mitad de la década de 1950. En su nombre, ya se indica el origen y el fin del grupo: la nada. Es la expresión de una generación atormentada por la miseria y la alienación y cuyos integrantes, con generosidad y entusiasmo, plantearon una estética que debía ser al mismo tiempo destructora y creadora.
Este grupo no tenía un objetivo concreto de cambiar la sociedad, ya que partía del hecho de que el sistema, el orden, no puede destruirse; por lo tanto, el movimiento, la acción de cambio era la finalidad en sí. El grupo basaba su estrategia de lucha en provocar a la burguesía profanando las instituciones y las creencias, culturales y religiosas, ancestrales y contemporáneas.
Filosóficamente se apoyaron en Sartre y en Nietzsche, en el existencialismo y en el nihilismo. Literariamente renegaron de la tradición literaria propia y abrazaron las nuevas propuestas de Henry Miller que les permitía plantearse el sexo, la locura, el desgarro social y la historia americana y colombiana.
Fue un movimiento intenso y, sin duda, el más controvertido de la literatura colombiana. Una razón importante de su origen hay que buscarla en la situación político-social de Colombia en aquellos años de la dictadura cruenta de Gustavo Rojas Pinilla. Un integrante del nadaísmo, Jotamario, lo explicó así: “El nadaísmo nació en medio de una sociedad que, si no había muerto, apestaba. Apestaba a cacuchas de regimiento, apestaba a sotanas sacrílegas, apestaba a factorías que lanzaban por sus chimeneas el alma de sus obreros, apestaba al pésimo aliento de sus discursos, apestaba a incienso de sus alabanzas pagadas, apestaba a las más sucias maquinaciones políticas, apestaba a cultura de universidad, apestaba a literatura rosa, apestaba a jardín infantil, apestaba a genocidios, apestaba a miserias, apestaba a torturas, apestaba a explosiones, apestaba a pactos”.
Entre los integrantes del grupo se contaron Gonzalo Arango, Jaime Jaramillo EscobarEduardo Escobar, Jotamario, Humberto NavarroFanny BuitragoAmílcar Osorio y muchos otros. El grupo con el paso del tiempo dejó de ser compacto, pero su legado a la historia de la literatura colombiana ha sido una poesía rica en imágenes y una disposición ética y estética ante el hecho literario. Jaime Jaramillo comentó así la poca o mucha influencia que el nadaísmo aportara a su país: “A nosotros no tienen que reprocharnos nada, porque no hemos ofrecido cosa alguna distinta a la desesperación y la poesía”.


Gonzalo Arango fue su creador y representante más importante. Autores como: Amílcar OsorioDarío LemosFanny BuitragoMaría de las EstrellasElmo ValenciaAlberto Escobar ÁngelFernando LalindeFernando GonzálezMario RiveroEduardo EscobarGermán EspinosaJosé Manuel ArangoAlejandro CoteGiovanni QuessepJotamario ArbeláezRafael Vega Jacome entre otros se sitúan de manera cronológica con los nadaístas, pero estética y literariamente mantuvieron su independencia, tanto en sus obras como en sus vidas.